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11 octubre 2012

Comparación entre la arquitectura románica y la arquitectura cisterciense (tema)

El Románico es una etapa artística que se desarrolla en Europa en la época de las grandes peregrinaciones de fieles cristianos a distintos puntos religiosos para la adoración de reliquias de santos o mártires. Por esto mismo, en la arquitectura románica se hace cierta ostentación en las iglesias, que serán los edificios más importantes, aunque también se construirán castillos y monasterios. La arquitectura cisterciense se desarrolla a finales del Románico, y sus principios son la austeridad, el retiro y el silencio de los monjes, que se rigen por el “ora et labora” (reza y trabaja). Debido a esto se abandona toda ornamentación que pueda distraer de la liturgia. El edificio más importante es el monasterio, lugar donde habitan los monjes.
Las iglesias románicas suelen ser de planta de cruz latina, aunque también existen las de planta centralizada (bien circulares o poligonales), y su cubierta es siempre abovedada, por lo que sus muros son macizos y de gran espesor para poder soportar el peso de la cubierta, lo que condiciona el tamaño de sus ventanas, que son escasas y pequeñas y con forma de arco de medio punto. La nave central se cubre con bóveda de cañón reforzada por arcos fajones, mientras que las laterales se cubren con bóveda de arista. Las iglesias cistercienses, que se localizan dentro de los monasterios, tienen planta de tres naves: la central se cubre con una bóveda de cañón apuntada y las laterales, que son más bajas, con bóvedas transversales.
El crucero de las iglesias románicas se cubre con una cúpula sobre pechinas o trompas, que facilitan el paso de una superficie cuadrada a una circular, mientras que en la arquitectura cisterciense está prohibido construir el campanario sobre el crucero, por lo que las bóvedas de las naves continúan hasta la cabecera.
Las cabeceras románicas tienen forma absidal (semicircular), mientras que las cistercienses son rectas.
El peso se descarga sobre pilares en ambos casos, pero mientras que en la arquitectura románica se usan además columnas con función decorativa, en la cisterciense los pilares son rectangulares o poligonales con capiteles sin ninguna decoración.
Las iglesias románicas cuentan además con un deambulatorio o girola que da cabida a las grandes cantidades de peregrinos que entraban en la iglesia, al igual que las tribunas que se encuentran por encima de las naves laterales, mientras que las cistercienses eran de uso privado de los monjes y estaban integradas dentro del monasterio, por lo que no necesitaban estas soluciones arquitectónicas.
Mientras que la arquitectura cisterciense se caracteriza por su austeridad y casi no cuenta con decoración, en la románica se usan soluciones arquitectónicas que además sirven como decoración (estribos, contrafuertes, impostas…) y su decoración se basa en temas historiados, vegetales, animales y geométricos.
Otro edificio de gran importancia en ambas arquitecturas es el monasterio, lugar de residencia de los monjes que se construía alejado de las poblaciones.
En el monasterio cisterciense tiene gran importancia el agua. Primero se realizaba una sencilla edificación con materiales perecederos cerca de una fuente de agua para ver si la situación era la idónea, y una vez que se comprobaba la propia supervivencia del monasterio se pasaba a construir el edificio final, que se caracterizaba por su monumentalidad y desornamentación.
La parte más importante del monasterio era el claustro, que siempre era cuadrado y en ambos casos se encontraba adosado a un lado de la iglesia y comunicado con distintas dependencias del monasterio. Otras partes importantes del monasterio cisterciense son los almacenes (en el lado oeste), el refectorio o la cocina (que se situaba en el lado opuesto al de la iglesia).
Del románico es característico el arco de medio punto, mientras que del cisterciense lo son el arco de medio punto apuntado y la bóveda de crucería ojival.
El otro edificio importante en la arquitectura románica pero que no aparece en la cisterciense es el castillo, que es un símbolo de poder señorial situado en un lugar estratégico y que servía tanto de defensa como de lugar de residencia.

08 enero 2012

Comparación entre los palacios del periodo minoico y los del periodo micénico (tema)

Tanto los palacios minoicos como los micénicos fueron el eje vertebrador de la sociedad, pues eran unidades políticas y religiosas y centros administrativos y comerciales, es decir, funcionaban como auténticas ciudades-estado. Además, se trataba del recolector de los excedentes agrícolas, organizador de la actividad comercial y el productor de elementos artesanales.
Palacio de Cnossos
La estructura minoica fue fijada en torno al II milenio a.C., y es debida a la evolución propia que da respuesta a una demanda basada en las características de su economía. Esto mismo sucede con los palacios micénicos, que encarnaban los valores propios de una sociedad mercantil y comercial de base agraria.
La orientación de los palacios minoicos era norte-sur y éstos se desarrollaban en varios niveles, mientras que los micénicos contaban con un piso superior.
Mientras que los palacios minoicos contaban con unas defensas casi inexistentes y se situaban en lo alto de suaves colinas, los micénicos se situaban en lo alto de colinas o lugares estratégicos y contaban con un potente sistema defensivo, reflejo de una sociedad más belicosa.
El gran patio central minoico era el regulador de la estructura y el lugar de llegada, recepción y reunión. Además, esta estructura tenía varias estancias de diverso tamaño unidas por galerías, corredores y escaleras. Éstas se iban construyendo según las necesidades propias, superponiéndose y añadiéndose nuevas estancias, y por esta razón, los palacios minoicos no contaban con fachadas exteriores. Además, debido a la complejidad de las plantas por la superposición y la evolución histórica, a veces algunas habitaciones se quedaban sin luz exterior, por lo que se desarrollaron los pozos de luz.
Sin embargo, los palacios micénicos son piezas unitarias, no elementos yuxtapuestos, que se organizan en torno a un eje axial. Aquí el megarón es el elemento central que ordena y jerarquiza los espacios, siendo la base de la estructura. Su disposición está conformada desde la entrada principal del palacio, cubierta con un pórtico apoyado sobre una columna, desde la que se accede al propileo principal y al patio que antecede la antecámara del megarón, espacio que puede estar flanqueado por corredores que conducen a habitaciones subsidiarias. Además se destaca el papel del señor o rey, por lo que se produce una modificación de la tipología debido a los nuevos valores políticos. Ahora la posición destacada la ocupará la residencia real, que será el símbolo del poder.
Los palacios minoicos contaban con distintos tipos de zonas: la zona de los almacenes, donde se guardaban los excedentes agrarios; los talleres, donde se realizaba la producción artesanal; las viviendas de nobles y sacerdotes; las zonas de representación del poder y control administrativo; y la zona ceremonial religiosa. Al exterior se construían nuevos patios y vías procesionales.
En cuanto a la técnica constructiva, los muros minoicos se hacen de mampostería grande y regular junto con sillería y algunos refuerzos y vigas de madera. En cambio, la parte inferior de los palacios micénicos se cimentaba sobre muros de piedra y adobe, y la superior, para ganar ligereza, se fabricaba con adobe.
En cuanto a elementos portantes, destaca el uso de la columna en los palacios minoicos.
Ambas estructuras se encontraban profusamente decoradas con pinturas, pero en los palacios micénicos aparecen nuevos temas (procesiones, escenas de caza o guerra…), que son reflejo de los nuevos valores de la aristocracia palaciega micénica (más belicosa que la minoica), y se produce un estilo más rígido y geométrico, con figuras menos flexibles y estilizadas.
En definitiva, la arquitectura palacial micénica no aporta innovaciones significativas ni nuevos elementos constructivos, pero sí aporta una tipología de planta más ordenada y jerarquizada en torno al megarón.


Ver también: El arte del Egeo (tema)