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domingo, 9 de junio de 2013

Introducción a la arquitectura cisterciense (tema)

En arquitectura, se llama cisterciense a las formas artísticas concebidas por la orden monástica fundada en Cîteaux (Cistercium), Borgoña, por el abad Roberto de Molesme en 1098.
La aportación de Bernardo de Claraval (1090-1150) es decisiva para la orientación estética del estilo. Éste propone formas sencillas y sobrias, despojadas de elementos decorativos y complicados simbolismos. En oposición a las iglesias de la orden de Cluny (fundada en el siglo X por Guillermo de Aquitania), dicta una norma fundamental para la construcción de monasterios: consciente y profunda austeridad traducida en rigurosa sencillez de formas y soluciones. La renuncia a los excesos decorativos incluye la prohibición de construir torres o adornar los interiores con pinturas, esculturas, mobiliario o vidrieras.
Además, una separación tajante entre la zona de trabajo y la de residencia garantiza el aislamiento de la iglesia y el claustro, que se consideran lugares de meditación apartados del mundo profano.
La concepción del espacio cisterciense es una concreción arquitectónica de formas románicas tardías, con elementos formales protogóticos.
La propagación de la orden cisterciense por toda Europa durante los siglos XII y XIII impulsa la construcción de este tipo de monasterios, aunque con el paso del tiempo se empiezan a añadir elementos decorativos procedentes de las tradiciones artísticas locales.

"En la casa de Dios nada permanezca que dé impresión de orgullo o superfluidad o que pueda de algún modo corromper la pobreza que han abrazado los monjes para custodiar sus virtudes". San Bernardo.

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