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martes, 10 de enero de 2012

Las innovacion​es técnicas y formales de la arquitectu​ra gótica (tema)

La catedral es el edificio simbólico de la época gótica, por lo tanto es el lugar donde se producen las innovaciones técnicas y formales de esta época. Se trata del reflejo de una nueva forma de entender el arte y el mundo.
El nuevo tipo de arquitectura pretende acercar a los fieles, de una forma casi palpable, los valores religiosos y morales que se predican ahora. Para este acercamiento se desarrollan distintos elementos constructivos que hacen posible la elevación del edificio, que pasa a ser una estructura más ligera y esbelta en la que tienen gran influencia las vidrieras.
La arquitectura gótica, al igual que la románica, pretende lograr un edificio sagrado cubierto por completo con bóvedas de piedra. Las bóvedas góticas no actúan a compresión, como hacían las románicas, sino que dirigen sus empujes a unos puntos concretos que los recogen. Así, la estructura del edificio se basa en la concentración de los esfuerzos.
Esto se consigue gracias a la bóveda de crucería (nervada u ojival), que está formada por dos arcos apuntados cruzados (ojivas) y más ligera que cualquier otro tipo de bóveda anterior. Su origen está en Normandía. Ésta, parte de la bóveda de arista (formada por la intersección de dos bóvedas de cañón), que transforma sus encuentros en nervios estructurales (cimbras permanentes) sobre los que se apoyan los plementos (cerramientos sin función estructural). Gracias a esto los antiguos arcos fajones se aligeran, convirtiéndose en arcos torales y arcos formeros. Todos estos nervios convergen en los puntos de apoyo (pilares) que, debido a la ligereza de la cubierta, pueden ser de una esbeltez extraordinaria.
El resultado es una estructura diáfana creada a base de elementos verticales que permite que los muros, liberados de cargas, pasen a ser simples cerramientos del espacio. Así, en ellos se pueden abrir grandes vanos y además permiten una mayor elevación de las naves y la apertura de luces mayores.
A medida que avanza el gótico, las bóvedas evolucionan y aumentan su crucería con nervios secundarios y terceletes que acaban perdiendo su sentido estructural y dan lugar a bóvedas estrelladas o a bóvedas de abanico.
Otra innovación es el arco apuntado, más esbelto y ligero que el de medio punto, ya que su verticalidad traslada menos empujes laterales, y la construcción con un aparejo de piedras pequeñas, que permite estructuras más complicadas pero resistentes y ligeras.
Además, se crearon otros elementos arquitectónicos exteriores destinados a equilibrar la estructura absorbiendo los empujes horizontales que no podían ser contenidos por los pilares. Los arbotantes son arcos exteriores que transmiten las tensiones de la bóveda a un apoyo inmóvil, los botareles o estribos, sólidos pilares que actúan como un contrafuerte aislado que descarga el empuje del arbotante en el suelo. Para sumarle peso y resistencia a los contrafuertes y botareles se decoran con pináculos, que tienen tanto una función constructiva como decorativa.
Los soportes evolucionan desde el típico pilar compuesto románico al pilar gótico, formado por un núcleo central cilíndrico rodeado de columnillas que se corresponden con los arcos y nervios de las bóvedas. Los capiteles de las columnas presentan una decoración de follaje y tenderán a hacerse más pequeños y delicados.
Al igual que en la catedral románica, al exterior, la catedral gótica revela su estructura interna. Las fachadas se organizan de forma tripartita: tres cuerpos horizontales y tres secciones verticales o calles.
El imafronte (cuerpo central inferior) corresponde a las tres portadas (nave central y laterales), sobre él se sitúa una galería (triforios interiores) y encima se sitúa el rosetón (claristorio interior). Las torres laterales se rematan con agujas o chapiteles y aumentan la sensación de verticalidad del edificio. La decoración de las fachadas explica la concepción teológica del mundo.
Otra innovación de época gótica son las vidrieras. Gracias al aligeramiento de los muros se pueden horadar grandes vanos en ellos, en los que se sitúan unos vidrios coloreados (vidrieras) que gracias a la luz que los traspasan dan al interior del edificio un aspecto distorsionado y lleno de color que acerca al fiel a los nuevos valores religiosos.

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