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sábado, 21 de enero de 2012

La basílica paleocristiana (tema)

La iglesia, palabra de origen griego que significa asamblea, es el lugar de reunión de todos los fieles, a diferencia del templo pagano que no fue concebido con tal finalidad. Debido al carácter congregacional de la nueva religión cristiana se necesita un edificio cerrado capaz de albergar a un gran número de creyentes, por lo que entre el conjunto de edificios públicos romanos se escogió la basílica como modelo, pero su estructura se fue adaptando a las necesidades del culto, contando así con características propias.
El cuerpo principal iba precedido de un atrium, gran patio cuadrangular porticado, derivado de la arquitectura doméstica, con una fuente en el medio (llamada cantharus si es cerrada o philae si es abierta), que daba paso al templo a través del narthex, nave transversal destinada a los catecúmenos, que a su vez podía ser doble, distinguiéndose entonces entre el endonártex y exonártex. La basílica, de planta longitudinal, se orientaba al este y solía ser de tres naves, aunque también podía tener cinco (basílica costantiniana o imperial), siendo la central de doble anchura que las laterales y de mayor altura, por lo que en ella se abrían unos ventanales que permitían la iluminación y ventilación del espacio. Las naves estaban separadas por columnas unidas por arquitrabes o arcadas. En ocasiones, sobre las naves laterales se encuentran unas tribunas dedicadas a las mujeres denominadas matroneum. La nave central terminaba en un gran arco denominado arco triunfal, en cuya clave se solía representar la figura del Cristo glorioso, abierto a la nave transversal del crucero o transepto. A través de unas gradas se llegaba al presbiterio o cabecera, parte principal de la basílica reservada al clero, de planta semicircular y normalmente elevada para facilitar la visión de los fieles y en cuyo centro se encontraba el ara o altar cubierto por un baldaquino o ciborium, sobre el lugar en que descansaban los restos de un mártir (confessio), y al fondo, un asiento corrido, llamado solea o bema, para los presbíteros, en cuyo centro se encuentra la cátedra. Sólo el ábside está abovedado, mientras que las naves tenían una cubierta plana de madera con casetones o un tejado de madera con la armadura visible al interior. Los fieles ocupaban las naves laterales (mujeres a la derecha por ser la parte profana y hombres a la izquierda por ser la parte iluminada por el sol), el coro para el clero menor se situaba en la nave central, y a los lados los ambones o púlpitos, atriles desde donde el oficiante leía la liturgia (en el de la izquierda se leía el Evangelio y en el de la derecha, las Epístolas).
El apoyo del emperador Constantino a los cristianos se tradujo en la construcción de numerosos templos, como la basílica Lateranense o la basílica de San Pedro de Roma. Destacan además las basílicas de Santa Inés, Santa María la Mayor y la basílica de Santa Sabina, todas construidas en el occidente cristiano.
En la parte oriental del Imperio, frente a la basílica romana de planta rectangular, se manifiesta una preferencia por los espacios de planta central. En las cubiertas se empleará la bóveda y la cúpula sobre pechinas.
Destacan la iglesia de la Natividad en Belén y la basílica del Santo Sepulcro.
En oriente, la arquitectura desarrollada en Siria desempeñó un papel muy relevante que puede considerarse antecedente del románico. El ábside de las basílicas está flanqueado por dos dependencias (pastophorias): próthesis y diaconicum, destinadas respectivamente a conservar las especies de la consagración y a servir de sacristía. Muy significativa es también la aparición de una fachada monumental, sin atrio y flanqueada por dos torres (basílica de Turmanim). Otra construcción importante es el monasterio de San Simeón el Estilita, en Aleppo.
En el norte de África destacan las iglesias con contra-ábsides semicirculares o cuadrados en la parte occidental del templo, la opuesta al ábside principal, con una función funeraria-martirial.

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