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lunes, 10 de febrero de 2014

La república romana I: el conflicto patricio-plebeyo (historia)

Tras la muerte de Tarquinio el Soberbio, último rey de Roma, el pueblo romano mostró una fuerte resistencia a la imposición de otro monarca. Pero la implantación de la República no fue inmediata, sino que sucedió después de un periodo de crisis provocada por la falta de un gobierno estable y el declive del sistema económico a causa de la desaparición de los etruscos.
Simbólicamente se sitúa el nacimiento de la República en el 509 a.C. El Senado decide entonces crear dos magistraturas que se renovarían anualmente y que serían la máxima autoridad: el consulado.
El acceso a estas magistraturas sólo estaba permitido a los patricios, reforzando así su posición y convirtiéndose en una oligarquía. Además, al descender el comercio, los plebeyos se empobrecieron y se vieron obligados a volver a la agricultura y la ganadería, lo que benefició a los propietarios de las tierras. Así, la diferencia entre ambas clases era cada vez mayor.
Por otra parte, tras la reforma de Servio, el esquema de clases era cada vez más complejo. Al antiguo sistema gentilicio (basado en lazos de sangre) se unía el territorial. Así, los grupos cada vez eran menos homogéneos. Además, existía otra división entre las clases urbanas y rurales, pudiéndose hablar de un conflicto entre propietarios y no propietarios.
La desigualdad afectaba también a lo jurídico, pues sólo los patricios disfrutaban del privilegio de los auspicia (derecho a interpretar la voluntad de los dioses).
Pero no sólo eso. A la crisis interna se sumaba una crisis exterior, pues Roma se encontraba en constante litigio con las comunidades vecinas.
Cuando estalló la revolución lo hizo en cinco secesiones: los plebeyos se retiraron al monte Aventino e intentaron crear un estado paralelo si no se cumplían sus reivindicaciones, así tras cada una de ellas fueron consiguiendo sus objetivos.
En la primera secesión la presión fue ejercida mayormente por los plebeyos que formaban parte del ejército. Ante la amenaza de perder su infantería, el patriciado reconoció a la plebe como comunidad cuyos representantes serían los tribunos de la plebe, elegidos por el consejo de la plebe y encargados de la defensa jurídica de los plebeyos y con derecho a vetar las decisiones de la magistratura patricia.
En el año 451 a.C. se confió a una comisión de diez patricios establecer una ley escrita que reuniera y fijara el derecho consuetudinario. Es lo que se conoce como la ley de las doce tablas, y significa un avance en el reconocimiento de los derechos de la plebe. Poco después se abolió la prohibición de los matrimonios mixtos y se otorgaría a los jefes del ejército (plebeyos o patricios) poderes consulares.
Económicamente destacan las leyes Licinianas, que permiten que la plebe pueda acceder a la magistratura más alta.
El final del conflicto llega en el 287 a.C. con la Ley Hortensia, que supone la definitiva equiparación jurídica entre patricios y plebeyos.

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