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sábado, 30 de junio de 2012

La arquitectura italiana del siglo XVI (tema)

El siglo XVI se muestra en la arquitectura italiana como un complejo periodo muy creativo, pero de difícil definición estilística, que legó edificios de gran importancia realizados por artistas emblemáticos, que dominaban por lo general casi todas las artes.
La historiografía suele dividir la centuria en dos etapas que proporcionan dos modos de entender el clasicismo con determinados matices distintos pero no diferenciados entre sí con total claridad. Desde 1480 hasta 1527 se desarrolló el periodo durante el que se llevaría a la práctica el pleno Clasicismo renacentista; a partir de entonces adquiriría vigor el intelectual y liberal manierismo, o visión distorsionada de este fenómeno cultural por el alto grado de intelectualismo asumido.
Sin embargo, ambas tendencias a veces se encontraron en el tiempo o incluso el manierismo precedió en ocasiones al clasicismo en la actividad de determinados arquitectos como Bramante o Miguel Ángel.
En realidad, ambos periodos constituyen formalmente parte de un mismo lenguaje artístico. Obedecen a dos maneras distintas de entender la herencia del arte grecorromano. Si la una buscaba establecer un canon con pretensiones de objetividad, caracterizado por ser uniforme y universal, y su racionalismo y carácter científico, la opción manierista realizó libremente distintas interpretaciones individuales de ese clasicismo pero sin prescindir de él. La estética de los principales artistas de entre 1480 y 1527 se basaba principalmente en la práctica artística de la Grecia del siglo V a.C. y de la Roma de la época de Augusto; los manieristas prefirieron la sutileza del arte griego del siglo IV y hasta la multiplicidad expresiva del helenismo del siglo III a.C., que se abría a una interpretación más compleja del arte.
Quizás la arquitectura del Clasicismo pleno renacentista se fue amanerando porque asumió ciertos matices pictóricos y escultóricos. La pintura y la escultura acabaron por “contaminar” figurativamente a la arquitectura.
Se ha visto al manierismo como una tendencia artística intermedia entre el Renacimiento, que culmina, y el Barroco, al cual precede. Se trata de una novedad imaginativa, pero siempre desde un punto de vista muy intelectual. Lo puramente decorativo fue ganando terreno paulatinamente a lo estructural. Se rompería con los principios de las proporciones y la armonía, y los edificios se diseñan para ser contemplados desde distintos puntos de vista. Se plasman efectos de claroscuro, dinámicos y se manipulan los espacios. La arquitectura adquirió capacidad expresiva y los edificios llegan a integrarse en el paisaje urbano o natural. Pero el Manierismo fue, ante todo, una actitud crítica ante las normas demasiado estrictas. Los manieristas se acercarían al clasicismo desde posiciones individuales, por lo que se crearon distintos clasicismos.
Los arquitectos del siglo XVI siguieron obsesionados por la arquitectura religiosa de planta central como la forma más perfecta de alcanzar el Clasicismo pleno y el palacio siguió siendo una de las tipologías más importantes de la centuria tanto en la modalidad de urbano como de villa.

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