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martes, 3 de enero de 2012

El monacato céltico en la Edad Media (historia)

La vida monástica en la Edad Media era un modo de seguir el camino de la perfección junto a la comunicación con Dios, y para ello era necesaria la desvinculación total de los compromisos terrenales y la ascesis del cuerpo y la mente para orientarlos a la oración contemplativa.
En Occidente, por influencia de Oriente, se desarrolló el monacato en Francia en el siglo IV, y entre los siglos V y VIII se desarrollaron dos tradiciones monásticas que, de forma especial, se difundieron por Europa Occidental: la irlandesa o céltica y la romana.
Irlanda fue el primer territorio más allá de las fronteras imperiales romanas que se convirtió al cristianismo por la acción misionera, y a la vez jugó un papel decisivo en la expansión religiosa y en la actividad monástica.
San Patricio (389-462) es el organizador de la vida monástica en Irlanda durante el siglo V, convirtiéndola en un importante foco evangelizador.
Los monasterios célticos eran grandes aglomeraciones de cabañas en los que se seguía un gran rigor penitencial basado en el modelo rigorista egipcio. Las características de estos monasterios eran: el elevado número de monjes por monasterio, la jurisdicción episcopal en manos de los abades, unas prácticas litúrgicas propias, y sobre todo destacan por el trabajo manual, que aunaba la práctica, la penitencia y el utilitarismo.
Más tarde, a finales del siglo VI, San Columbano el viejo se convierte en organizador del monacato escocés, y después este modelo de monacato se extenderá a la Europa continental.

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