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domingo, 8 de enero de 2012

Comparación entre los palacios del periodo minoico y los del periodo micénico (tema)

Tanto los palacios minoicos como los micénicos fueron el eje vertebrador de la sociedad, pues eran unidades políticas y religiosas y centros administrativos y comerciales, es decir, funcionaban como auténticas ciudades-estado. Además, se trataba del recolector de los excedentes agrícolas, organizador de la actividad comercial y el productor de elementos artesanales.
La estructura minoica fue fijada en torno al II milenio a.C., y es debida a la evolución propia que da respuesta a una demanda basada en las características de su economía. Esto mismo sucede con los palacios micénicos, que encarnaban los valores propios de una sociedad mercantil y comercial de base agraria.
La orientación de los palacios minoicos era norte-sur y éstos se desarrollaban en varios niveles, mientras que los micénicos contaban con un piso superior.
Mientras que los palacios minoicos contaban con unas defensas casi inexistentes y se situaban en lo alto de suaves colinas, los micénicos se situaban en lo alto de colinas o lugares estratégicos y contaban con un potente sistema defensivo, reflejo de una sociedad más belicosa.
El gran patio central minoico era el regulador de la estructura y el lugar de llegada, recepción y reunión. Además, esta estructura tenía varias estancias de diverso tamaño unidas por galerías, corredores y escaleras. Éstas se iban construyendo según las necesidades propias, superponiéndose y añadiéndose nuevas estancias, y por esta razón, los palacios minoicos no contaban con fachadas exteriores. Además, debido a la complejidad de las plantas por la superposición y la evolución histórica, a veces algunas habitaciones se quedaban sin luz exterior, por lo que se desarrollaron los pozos de luz.
Sin embargo, los palacios micénicos son piezas unitarias, no elementos yuxtapuestos, que se organizan en torno a un eje axial. Aquí el megarón es el elemento central que ordena y jerarquiza los espacios, siendo la base de la estructura. Su disposición está conformada desde la entrada principal del palacio, cubierta con un pórtico apoyado sobre una columna, desde la que se accede al propileo principal y al patio que antecede la antecámara del megarón, espacio que puede estar flanqueado por corredores que conducen a habitaciones subsidiarias. Además se destaca el papel del señor o rey, por lo que se produce una modificación de la tipología debido a los nuevos valores políticos. Ahora la posición destacada la ocupará la residencia real, que será el símbolo del poder.
Los palacios minoicos contaban con distintos tipos de zonas: la zona de los almacenes, donde se guardaban los excedentes agrarios; los talleres, donde se realizaba la producción artesanal; las viviendas de nobles y sacerdotes; las zonas de representación del poder y control administrativo; y la zona ceremonial religiosa. Al exterior se construían nuevos patios y vías procesionales.
En cuanto a la técnica constructiva, los muros minoicos se hacen de mampostería grande y regular junto con sillería y algunos refuerzos y vigas de madera. En cambio, la parte inferior de los palacios micénicos se cimentaba sobre muros de piedra y adobe, y la superior, para ganar ligereza, se fabricaba con adobe.
En cuanto a elementos portantes, destaca el uso de la columna en los palacios minoicos.
Ambas estructuras se encontraban profusamente decoradas con pinturas, pero en los palacios micénicos aparecen nuevos temas (procesiones, escenas de caza o guerra…), que son reflejo de los nuevos valores de la aristocracia palaciega micénica (más belicosa que la minoica), y se produce un estilo más rígido y geométrico, con figuras menos flexibles y estilizadas.
En definitiva, la arquitectura palacial micénica no aporta innovaciones significativas ni nuevos elementos constructivos, pero sí aporta una tipología de planta más ordenada y jerarquizada en torno al megarón.


Ver también: El arte del Egeo (tema)

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